He estado meditando un poco acerca de por qué escribo tan poco en mi blog y me he dado cuenta de que venía hablando demasiado de política, y la política realmente no me motiva; no me estimula el intelecto sino la mala leche.Así que creo que le voy a dar un giro a este blog. No se si será algo permanente o es que ahora me pilla metafísico, pero creo que prefiero divagar sobre cosas menos prosaicas.
Espero que mi pequeña pero valiosísima colección de seguidores sigan leyéndome, aunque ellos saben que este espacio mío es más un depósito en el que verter inquietudes, que una palestra para pontificar o buscar fama y fortuna bloguera.
Dicho esto, empiezo esta nueva etapa 2.0 con una reflexión acerca del Destino.
El Destino es un constructo, es decir, algo que se sabe que existe, pero dificil de definir o, cuanto menos, controvertido. No obstante todos tenemos nuestra propia interpretación acerca de qué significa el Destino.
Quizá lo más común cuando uno piensa en el destino es pensar que nada ocurre porque sí, que todo tiene una causa.
Hay quien lleva este concepto al extremo y cree que todo cuanto sucede está predestinado a ocurrir. Es decir, puesto que todas la causas existen de antemano, es de suponer que esas causas producirán sus efectos y, por tanto, ocurrirá lo que debe ocurrir.
Bien, yo tengo mi propia opinión al respecto y es un poco un mix entre el libre albedrío, la causalidad y, quizá, la mística.
Yo no creo que nuestras vidas esten regidas por un guión inmutable y que, por tanto, nuestro paso por este planeta no obedece a otra cosa que a un plan predeterminado y que nuestras acciones sólo forman parte de una película en la que no somos más que espectadores.
Pero sí creo en el destino como un conjunto de vivencias que suceden como consecuencia de nuestras elecciones en la vida. Es decir, sí creo que todas nuestras experiencias suceden porque se ha activado alguna causa, pero creo que los activadores somos nosotros mismos, y no un plan preestablecido.
La vida pone a nuestra disposición una inmensa cantidad de opciones (causas) y cómo manejarlas y forjar nuestro destino es una tarea que nos compete a cada uno de nosotros.
En cualquier caso creo que tengo asumido que también hay una colección de causas que son ajenas, nos vienen impuestas y también tienen una repercusión importante en el devenir de nuestro destino.
Algunos hechos recientes en mi vida me han hecho reflexionar acerca de cuál es el peso específico de las causas que controlamos nosotros frente a las causas ajenas, y he llegado a la conclusión que las causas propias son infinitamente más determinantes en nuestra vida que las ajenas. Tan sólo es cuestión de tomar conciencia acerca de la gran cantidad de cosas que podemos controlar.
El dejarse llevar por los acontecimientos o causas que vienen impuestos, nos lleva a una vida contemplativa, pasiva y, generalmente, desdichada.
Sólo cuando somos capaces de ver que el universo es un infinito conjunto de elementos interconectados sobre los que podemos ejercer una acción (que tendrá una reacción), seremos capaces de tomar las riendas de nuestro propio Destino.
Más reflexiones seguirán a esta. Permaneced en sintonía.




